Las artes contra la pena de muerte. Rosario de Vicente Martínez.

Las artes contra la pena de muerte.
Rosario de Vicente Martínez

Tirant lo blanch, Valencia, 2010.

http://www.academicsforabolition.net/repositorio/ficheros/364_124.pdf

El proceso de abolición de la pena de muerte trae su causa del
horror que produce su misma esencia y, sobre todo, de las formas y
modos de ejecución. Lo advertimos hoy con precisión con motivo de
la actualidad de la lapidación. Si horror produce condenar a muerte
por adulterio, más aún -y aunque fuera por homicidio- estremece la
crueldad animal de las reglas y condiciones de la ejecución del apedreamiento,
con la vigorosa exclusión reglamentaria de las piedras
que pudieran ser directamente mortales.
La guillotina quiso representar la modalidad “científi ca” y menos
dolorosa, menos cruel y más igualitaria, en defi nitiva, más
humana frente al hacha y a la horca, del mismo modo que la silla
eléctrica se presentó también como un avance humanitario por la
pretendida muerte instantánea, frente a la soga o el fusilamiento. Lo
mismo representó en España el garrote, que era también de efecto
automático e indoloro. También era igualitario, pues lo de vil o noble
se refería no a la forma o composición metálica del garrote, sino
por la escenografía, con o sin, terciopelo negro sobre el cadalso. Así
lo proclamaba expresamente en 1832 Don Fernando VII al suprimir
para regalo de la Reina la horca y establecer el garrote por el deseo
de “conciliar el último e inevitable rigor de la justicia con la humanidad
y decencia en la ejecución de la pena capital”.
El mismo principio humanitario es el que llevó a la supresión de
las ejecuciones públicas. Está muy bien representado en la extraordinaria
exposición y catálogo Crime et châtiment, dirigidos por Jean
Clair, que tiene lugar en Paris este año, en el Museo D’orsay. Lo
bárbaro, lo inhumano de la guillotina no está sólo en la ejecución
de la muerte, sino en los espectadores deseos de sangre. Cuando se
estrenó la guillotina en Paris la multitud se disperso desilusionada
cantando por las calles en reclamo por sus viejas horcas. También se
enfurecieron los públicos cuando se suprimió en España las ejecuciones
públicas, por obra del empeño del médico y diputado Ángel
Pulido en 1900.
En verdad, lo de la pena de muerte es una cuestión de sentido y
de sensibilidad. De sentido porque es razón sufi ciente el que sepa-

mos que la pena capital no tiene mayor efecto disuasorio que otras
penas graves que no comportan la destrucción de la vida ajena y,
para los que identifi can la Justicia con el “ojo por ojo”, porque no
hay vida que con vida se pague y menos aún cuando el criminal ha
acabado con más de una. La cuestión de la pena capital es, sobre
todo, una cuestión de sensibilidad, de rechazo y de repulsión del hecho
de matar a sangre fría, por orden y cuenta del Estado. Repulsión
al hecho de matar y repulsión al modo y circunstancias del matar.
El modo humanitario o misericordioso de estar en sociedad
comporta hoy la exclusión de la pena de muerte en buena parte del
mundo. Pero no todo el mundo comparte la misma sensibilidad pero
las opiniones favorables o contrarias no valen igual. Nunca viose
de valores positivos empeñados en campañas en favor del mantenimiento
o restauración de la pena capital. Pero hay países en los
que no se ha llegado a constituir una mayoría de sensibilidades
contrarias a la pena capital. Lo vemos claramente en los Estados
Unidos, donde conviven Estados abolicionistas y retencionistas. Por
no mencionar los países orientales, para lo que el valor individual
de la vida no afecta para nada a su sensibilidad. Peor es el caso de
aquellas sociedades en las que la pena de muerte se plantea como
una exigencia de su religión.
En defi nitiva, la sensibilidad frente a la pena de muerte es un
bien civilizatorio, un compañero del incremento del respeto a la dignidad
de la persona humana, que encuentra en cada sociedad muy
diversas plasmaciones, en especial respecto de los castigos, pero
también respecto de otras situaciones que también son obra de la
acción inhumana de unos hombres sobre otros, como el matar de
hambre en un mundo que tiene recursos sufi cientes para todos o
dejar morir de enfermedades que son hoy social y medicinalmente
evitables. La causa contra la pena capital en el mundo es un factor
de desarrollo del pensamiento humanista político y social, de un
concepto del mundo y de la sociedad inspirado por la sensibilidad
y la solidaridad.
La mejor educación de la sensibilidad es la que se lleva a cabo
con ayuda de espíritus que en su obra artística, literaria, musical o
cinematográfi ca se han ocupado de la cuestión de la pena de muerte.
Una aproximación a esta pléyade de gentes sensibles y de obras

que estimulan la sensibilidad es lo que ha preparado Rosario de Vicente
Martínez, Catedrática de Derecho penal de la Universidad de
Castilla-La Mancha, para su propia lectura y para la preparación de
la enseñanza y el debate en el aula, en los Institutos de Bachillerato y
en las Universidades, para un tiempo en el que el mundo va a intentar
romper la insensibilidad frente al hambre, la enfermedad, la discriminación
de la mujer y por el progreso de los Derechos humanos,
se trata de incorporar al debate por los objetivos del Milenio, que es
un programa que el Gobierno de España apoya de forma decidida,
planteamiento del programa para la abolición mundial de la pena
de muerte o, cuando menos, su moratoria universal.
Los juristas iberoamericanos tenemos un gran compromiso con
el hecho histórico de ser un territorio libre de la pena capital, al menos
en cuanto a “tierra fi rme” se refi ere. El compromiso no sólo es
el mantener a nuestros países libres de la pena capital y evitar la
tentativa de su reinstauración, sino también acudir a la raíz de la
violencia del Estado, contra las ejecuciones extrajudiciales, contra la
tortura y las penas crueles e inhumanas.
No han sido pocos los que reaccionaron contra la pena capital
por una experiencia directa. Pero por fortuna no hay que llegar a
tanto. Basta para acercarse al horror con relatos literarios, el teatro,
la música, la pintura o el cine. Por ello, escritores, músicos, artistas
plásticos y cineastas han sido convocados en este libro por Rosario
de Vicente, inspirada por el llamamiento del Presidente del Gobierno
José Luis Rodríguez Zapatero hecho a penalistas y otros juristas
el pasado diciembre de 2009 en el Museo Reina Sofía, con motivo
de la inauguración del coloquio y constitución de la Red Académica
Internacional contra la penal capital (academicsforabolition.net).
El esfuerzo de localización y sistematización de materiales para la
abolición universal realizado por la Catedrática de la Facultad de
Derecho de Albacete es muy de celebrar y agradecer y dará paso a
nuevas iniciativas.

LUIS ARROYO ZAPATERO
Presidente de la Société Internationale de Défense Sociale y
Catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha
Ciudad Real, julio 2010

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